EL PARLAMENTO QUE MERECEMOS

No es mucho parlamento, pero es nuestro parlamento; no es mucho congreso, pero es nuestro Congreso. He ahí el grupo de personas encargadas de legislar nuestro asunto público, los encargados de ordenar lo que puede y lo que no en nuestro territorio. Algunos con merecimientos, otros no, algunos con ideales fuertes y promisoriamente perdurables; otros, frívolos no merecedores de un triunfo fruto de la ignorancia de un pueblo que al final de las cuentas “ha de merecerlos”.

Da grima observar la ínfima participación de un pueblo que sólo se queja de sus destinos mal manejados, y no me refiero a números- aunque siga siendo irrisorio al lado del número del censo electoral colombiano-, sí a la forma como los pocos votantes asumen un asunto de tal delicadeza.

El problema de nuestra política tiene tres actores fundamentales y como tal es una pantomima grotesca que algunos alcanzamos efímeramente a percibir como un círculo vicioso y viciado entre políticos, medios de comunicación y sociedad civil. Una clase política que en su gran mayoría es indolente y ligera a la hora de proponer, una sociedad civil impávida e indiferente que vende su voto por un pan de queso y que probablemente jamás ha imaginado abrir una página de Internet para examinar las propuestas de los candidatos, y unos medios de comunicación frágiles ante el clientelismo, indignos y autocensurados.

Al azar escogí analizar el discurso y las propuestas de uno de los candidatos que mayor golpe de opinión generaron. Noemí Sanín, aunque favorita, sonó y seguirá sonando en nuestros medios por la dudosa y apretada disputa con Andrés Felipe Arias por la consulta interna del Partido Conservador para definir el candidato presidencial de dicha organización política. Entre sus repetitivas tendencias de liberación femenina, Sanín hizo hincapié en la afamada y blasonada Seguridad Democrática, reconoce que el país es más seguro que hace 8 años y afirma que su posible futuro gobierno velará por mantenerla en “El hogar, las ciudades y el campo”, habló de la generación de empleo y sintetizó en una “infraestructura para nuestro futuro”. Grosso modo estas palabras enmarcan una repetitiva conjunción de ideas de un discurso político. Más allá de la diferencia de género y la entonación o la redacción con que se presenta, parece una fotocopia o un membrete de cualquier cuadro de propuestas políticas en nuestra historia colombiana.

El Partido de la U, partido ganador de las elecciones del pasado domingo 14 de marzo, con mayor obtención de curules, se la jugó con una política de mantenimiento. Es decir, no se encaminó en la elaboración de nuevas propuestas de vinculación de la realidad nacional con los intereses del pueblo, sino que se limitó a remembrar las propuestas del fantasma mesiánico que representa el presidente (ex presidente) de la República, Álvaro Uribe Vélez. Sin embargo, cabe destacar que dicho partido, gran representante en el próximo Congreso Nacional (en número de candidatos electos en ambas cámaras), pugna por el afianzamiento de unas políticas determinadas de Estado que logren ser perdurables en el tiempo y que no sean- por el contrario- unos interrumpidos procesos de cuatro años que no tengan fin diferente a ser completamente removidos cuando las nuevas curules tomen posesión. Aunque debo mencionar que la frialdad y ligereza de estas propuestas no están en su repetición y mantenimiento sino en su principio básico, casi fascista, que quiere derrotar con violencia a las violencias actuando en nombre del bien y la justicia.

No todas las propuestas previas a la jornada electoral son (fueron) pobres. Sin hablar de predilecciones, pudieron notar (quienes tuvieron la delicadeza de leer las propuestas del mayor número de candidatos y partidos posibles) que el Partido Verde tiene una apuesta totalmente dirigida a las nuevas tendencias políticas, a la juventud, a la educación como principio promotor de desarrollo, al cuidado del medio ambiente y que no le preocupa el hecho de la solución de la guerra, el narcotráfico, la violencias, la corrupción; porque entiende que la verdadera salida a dichos problemas está en su prevención.

En un par de proposiciones consultadas encontré coincidencias en la importancia de cuidar el medio ambiente para fortalecer el ideal de calidad de vida. Hicieron tesón (o en algunos casos simplemente mención) de la necesidad que se tiene de tratar estos temas y no solamente los de seguridad democrática, económica, política y jurídica, para trabajar en asuntos como implementación de parques naturales, urbanismo, servicios públicos y salud ambiental.

De gran celebración debería ser el hecho de la disminución del peligroso voto farandulero, que consiste en el apoyo electoral a personajes de reconocimiento por labores diferentes a las políticas- normalmente de entretenimiento y de presencia mediática- (actores, periodistas, humoristas, ex futbolistas, modelos, presentadoras), que lo único que logran es confundir las trabajos concernientes a la esfera pública al entorpecer los procesos por su lenta comprensión ante unos temas que jamás han tratado. Parece que el pueblo comprendió el viejo y conocido adagio popular de “zapatero a tus zapatos”. Ni Javier Hernández Bonet (comentarista deportivo), ni Aura Cristina Geithner (actriz y modelo), ni Gregorio Pernía (actor), ni Carlos Mario Aguirre (humorista) podrán aumentar sus ingresos a costa de nuestros destinos políticos, estatales y organizacionales, gracias a una sospechosa iluminación momentánea que tuvo el pueblo para no elegirlos.

Declarar y señalar las propuestas parlamentarias como fuertes o frívolas es peliagudo, pues sería prácticamente injusto generalizar ante una diversificación como la presentada. Simplemente hay que mencionar que hay propuestas idóneas y aplicables, y que hay propuestas ridículas, soñadoras, ligeras y sin fondo. Cabe destacar aciertos, como cabe denunciar irregularidades ideológicas. Cada vez estoy más identificado con las palabras que señalan que cada pueblo tendrá los gobernantes que se merece. Basta con analizar cuánta gente -de la poca que votó- lo hizo a conciencia, cuánta gente conoce las bondades de un voto de opinión, cuánta estuvo preparada para vencer las dificultades que propuso un tarjetón tan confuso, cuánta está preparada para la participación democrática y cuanta por lo menos tiene algunas intenciones de prepararse para ello.

Comentarios

  1. Es un análisis exhaustivo. Trató de reunir la mayor cantidad de elementos de interpretación. Bien consultado. Buena redacción. Enfoque muy periodístico.

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