Qué hacer cuando se te acaban las palabras

¿Qué hacer cuando se te acaban las palabras. Cuando pensar en orden se convierte en un impulso grotesco de ofensas, cuando el humor intoxica, cuando prefieres abandonar tus líneas de rutina, cuando tus músicas vuelven tu mirada al horror de la involución de tus letras?

Las palabras me hacen falta, las palabras atinadas al destino. Las sagradas palabras moldeables a un lector para que sigan siendo un arma productora, esas que no encuentro, esas que a veces me traicionan, esas con las podría traicionar…

Las palabras y las letras de coraje y las de risas, las complejas, las absurdas, las inteligibles y aún más las ininteligibles, las de consuelos, las de ayuda, las de soporte, las vulgares, las del clérigo, las sagradas, las babeadas, las bebidas.

A dónde fueron esas con las que puedo recoger los restos de un convulsionado día. Dónde se esconden con las que puedo recordar que sigo aquí… o allí. A dónde fueron con las que me puedo esconder. Las que tocan corazones, las que los destruyen.

Por si algún día han de faltarme más palabras, e incluso estas se me pierden, se borran de mi cabeza, que quede la certeza que estuve preocupado por encontrarlas y recuperarlas.

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