BICENTENARIO REFLEXIVO

Tuve la fortuna de “celebrar” los 200 años de historia del periodismo bajo las intervenciones de los que considero verdaderos modelos académicos a seguir en la universidad que me formo como profesional de la información. Palabras atiborradas de un sentimiento común con miras al progreso y al aprovechamiento de recursos con apariencia terminal.

Cuatro posiciones coherentes entre sí en un coloquio titulado “Luces y sombras del Periodismo” con pinceladas de especialización en cada uno de los casos enmarcados por profesionales que pueden, cada uno, hablar de verdadera experiencia.

La hermandad del Periodismo con disciplinas como la Historia, y la necesidad de re-recurrir a ella para garantizar fidelidad y objetividad en los diferentes géneros de publicación periodística como la noticia, la crónica, el reportaje la entrevista y – más aún- en columnas de opinión, fue una de las miradas que mayor impacto crearon.

La necesidad de recibir y pensar con escepticismo las problemáticas actuales y de tener un verdadero “ojo clínico” para detectar las verdaderas intenciones de las fuentes, fue otro de los aspectos en los que se hizo tesón, pues son y serán talantes que diferencian a un profesional en nuestra área de estudio, con posibilidades reales de ser generador de opinión pública, en una sociedad que está sosegada y no alcanza a vislumbrar la necesidad que se tiene de ésta.

No estamos en una época en que se nos permita, como periodistas, la modorra investigativa, el anacronismo, ni la autocensura (se resume en utilizar las fuentes siempre manifiestas y al alcance), basta con mirar los fenómenos de relación entre los medios y el poder para tener que hacer algo en contra. Advierto, no estoy infundiendo pensamientos rebeldes, sólo que basta con las dificultades ya impuestas en el medio para caer en las propias de la negligencia. Uno de los mejores ejemplos para ilustrar esta problemática de autocensura es la utilización de Internet (o mejor de los mismos cuatro o cinco sitios web) que contando con tanta riqueza la transformamos en pobreza mediática.

“Cada pueblo tiene los medios de comunicación que se merece”, fue una de las reflexiones que quiero destacar por la profundidad que connota (fueron palabras textuales del maestro Memo Ánjel), pues está claro que un pueblo impávido ante malos manejos públicos y malas conductas e intenciones de información está condenado a repetir sus historia y problemáticas decadentes. En este punto se resume una responsabilidad de ambas partes; de irremplazable objetividad y profesionalismo por parte del periodismo y una actitud crítica por parte del pueblo.

Para terminar- y concluir- quisiera remembrar otras palabras determinantes en dicho coloquio y de boca del mismo maestro: “Quien quiera una vida digna, que apoye un periodismo digno”

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