RELACIONES HUMANAS, UN ASUNTO SIMBÓLICO
Cuando hablamos de temas que incluyen la realidad como asunto simbólico pretendemos dejar atrás la existencia de lo real en materia de lo natural que es, osea, intentamos encerrar en el mundo de la simbolización hasta lo que es palpable y que al final sigue siendo la base de ese proceso que se está llevando a cabo de significación. Me explico, nos despojamos de la incógnita inaprensible (para siempre) de la existencia tangible de las cosas, simplemente, porque si no las hubiésemos nombrado (incorporado al lenguaje) no las entenderíamos, o quizá, no tendrían importancia en nuestra egoísta humanidad que se jacta de tener “filántropos” ahora también llamados científicos (sociales). No pretendo salirme del sensual y valioso universo de lo simbólico, soy humano, estoy dividido, cruzado por el lenguaje.
Es propiamente todo lo anterior lo que en un ensayo sin tener la cabeza como la tengo, después de leer “El animal simbólico” de Borges, utilizaría para explicarle, particular lector, que somos víctimas de nuestro propio invento, es decir, que somos netamente simbólicos y que nuestra relación cabe en el “único mundo que existe” (simbólico) debido a que tenemos lenguaje. Simplemente después de habérselo mostrado tal y como el conocimiento me alcanza o responde, quiero compartirle que mis horas de sueño disminuyen al compás de los recordados ejemplos, el de la rosa que representa amor sin esto ser un fin natural. Una vez más golpeo mi propia terquedad ¿Cómo sé que se llama Rosa?, ¿Qué es el amor?, Estoy escribiendo.
Un último párrafo en el que después de aceptar que las relaciones humanas son simbólicas, y de explicar con brevedad que es porque están fundamentadas en la simbología universal (lenguaje); y en que somos seres divididos en el propio yo, siendo diferenciados de los demás animales por ser simbólicos y simbolizantes por excelencia, quiero expresar esa razón que parece mostrarme contradictorio. No puedo dejar de pensar en que como seres vivos y naturales podríamos estar relacionándonos por razones instintivas, en que la rosa tiene que existir para poder ponerle ese nombre y ese sentido. Considero, con el debido respeto, que mi pensamiento está más allá o más acá de lo verídica que pueda ser esta respuesta a una tan complicada pregunta.
Es propiamente todo lo anterior lo que en un ensayo sin tener la cabeza como la tengo, después de leer “El animal simbólico” de Borges, utilizaría para explicarle, particular lector, que somos víctimas de nuestro propio invento, es decir, que somos netamente simbólicos y que nuestra relación cabe en el “único mundo que existe” (simbólico) debido a que tenemos lenguaje. Simplemente después de habérselo mostrado tal y como el conocimiento me alcanza o responde, quiero compartirle que mis horas de sueño disminuyen al compás de los recordados ejemplos, el de la rosa que representa amor sin esto ser un fin natural. Una vez más golpeo mi propia terquedad ¿Cómo sé que se llama Rosa?, ¿Qué es el amor?, Estoy escribiendo.
Un último párrafo en el que después de aceptar que las relaciones humanas son simbólicas, y de explicar con brevedad que es porque están fundamentadas en la simbología universal (lenguaje); y en que somos seres divididos en el propio yo, siendo diferenciados de los demás animales por ser simbólicos y simbolizantes por excelencia, quiero expresar esa razón que parece mostrarme contradictorio. No puedo dejar de pensar en que como seres vivos y naturales podríamos estar relacionándonos por razones instintivas, en que la rosa tiene que existir para poder ponerle ese nombre y ese sentido. Considero, con el debido respeto, que mi pensamiento está más allá o más acá de lo verídica que pueda ser esta respuesta a una tan complicada pregunta.

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